Origen

Esta historia, como todas las historias interesantes, tiene un origen no preparado y mucho menos estructurado. Nació como un genuino gesto de generosidad de un padre de niños del colegio Highlands los Fresnos en Boadilla del Monte en Madrid hacia otro padre nuevo en el colegio para incorporarle a un grupo humano de padres ya existente. La brillante excusa y pecado original de todo este lío fue, "¿Tú corres?", el otro que corría poco y mal le contestó "Poco y mal". El primero le comentó "pues yo parecido". Diez minutos después en el entusiasmo de la ignorancia y coincidiendo que los dos tenían ciertos ligazones con la provincia de Cádiz, el primero comentó al segundo, "¿Qué te parece correr la media maratón de Cádiz?". El segundo le miró, pelín incrédulo y le hizo dos preguntas, 1/ ¿Cuándo es?, 2/ ¿Cuántos kilómetros son?

Esto ocurrió en Octubre de 2011. Ambos se dieron cuenta que tan sólo les quedaban cuatro meses y que no corrían ni 5 km de los 21 km necesarios para completar la media maratón. El padre nuevo en el colegio no se podía permitir el lujo de tirarse para atrás y el primero tampoco ya que es quien se había marcado el farol. Empezaron a pensar de forma razonada y decidieron que al menos tenían que entrenar. El matiz es que no sabían como pero aún así se lanzaron y empezaron a correr. Y efectivamente después de cuatro meses de deficientes entrenamientos, escasamente un día del fin de semana, en marzo 2012 corrieron la media maratón de Cádiz.

Sorpresa, sorpresa corrieron, terminaron y en un tiempo no muy malo, 2h 03´. Para los no expertos es un tiempo pobre pero no horroroso.

running

Efectivamente, esto supuso un subidón de moral y decidieron seguir entrenando y empezaron a apuntarse a correr carreras populares de 10 km. Al principio los tiempos fueron del orden de los 60 minutos y poco a poco se fueron rascando minutos. Zancada a zancada, bufido a bufido se pasó a 57´, otra carrera y otro éxito, 55´. Otra carrera y otro éxito con 53´. La barrera de los 50´parecía imposible. El primer padre trajo a un amigo suyo, vecino pero no del colegio y “le engañó” a correr con nosotros, poco después se incorporó otro padre del colegio vecino de los otros dos, el primero y el engañado. Ya éramos tres.

Llegó el otoño 2012 y finalmente se consiguió el primer tiempo por debajo de 50´. ¡¡¡Qué satisfacción!!! ¡¡¡qué orgullo!!!, cuarentones y rascando minutos al reloj. En una de esas carreras, entre cortinas de sudor pudimos ver la espalda de un corredor que iba delante nuestro que decía "El dolor es pasajero, la gloria es para siempre". Nos pareció una frase tan impactante que en medio del sufrimiento de la carrera le dimos la enhorabuena por su camiseta con las pocas energías que nos quedaban. El hombre se quedó muy contento que su camiseta nos llegó.

El primer padre lanzó el órdago. "¿Por qué no hacemos otra media maratón?". Y como bien imagináis se hizo, los cuatro corrimos la media maratón de Salamanca en marzo 2013, entramos los cuatro juntos, que gran foto en línea de meta, que gran ciudad!. Pasamos el fin de semana juntos en la ciudad universitaria con nuestras parejas y amigos. Descubrimos que correr además de ser una oportunidad de hacer deporte y estar en forma nos permitió hacer turismo y cimentar la amistad entre nosotros. Otro padre se unió poco después ya éramos cuatro. Un mes después, en abril 2013, corrimos la primera media maratón que se desarrollan en la capital de España ese mes. La corrimos, disfrutamos y nos animamos a hacer lo que quizás no había que hacer que fue correr la otra media maratón que se corre en Madrid al final del mes de abril a la vez que la maratón.

Después de este esfuerzo pensamos que ya estábamos preparados para cualquier meta deportiva. Vino la peligrosa pregunta "¿Hacemos una maratón?". Ente gallos de gallinero, se impuso la sin razón y la respuesta es la que esperáis "Por supuesto". El lío ya estaba montado. Una vez más el primero dijo "Yo conozco otro padre que ha corrido varias maratones y ha entrenado a otros, voy a pedirle que sea nuestro entrenador". En ese momento se incorporó no sólo un padre entrenador sino otros tres padres más, uno de ellos acababa de correr su primera maratón, la de Madrid en un tiempo magnífico.

Ya teníamos, reto, entrenador y un grupo de amigos/padres en el que además ya uno tenía la experiencia de correr una maratón. Nuestro “entrenador” nos preparó un serio programa de preparación de cuatro meses. Nos cito a la primera reunión de grupo y nos sorprendió a todos los demás. ¿Por qué? Pues porque se tomo el asunto muy en serio, la primera pregunta fue definitiva para ver el enfoque. "¿Por qué haces esto?" Uffff, buena pregunta. De todo se dijo en ese momento pero nos cogió en frío. Nos dió mil consejos y lo primero que nos dijo en plan de acciones a llevar a cabo era que, de media, nos sobraban 10 kilos. Problema, problema.

Empezó el entreno, aprendimos lo que es el fartlek, las cuestas, el YASSO, las series, las largas, el muro, los geles, los hidratos, las proteinas y empezaron a llegar las lesiones, el agotamiento, las ilusiones, las desilusiones, el calor, el sudor, los calambres, los dolores, las pájaras, el sueño, los madrugones. Hubo días buenos, días malos y días muy malos. Pero hubo detalles de grupo muy loables. El entrenador nos dijo, “Cuando tengáis algún problema o duda, me llamáis” otro que corre mucho pero mucho empezó a animarnos mandándonos sus tiempos por whatsapp para estimular nuestro ego y todos contábamos nuestras miserias deportivas de forma jocosa en el whatsapp. Auténticas genialidades literarias por whatsapp. Los entrenamientos empezaron a complicarse en frecuencia e intensidad, las jornadas largas empezaron en 19km, pasaron a 22km, luego 26km, luego 29 km, seguido de 32 km y se llegó a 36km del tirón. Una escalofriante escalada de esfuerzo.

El día de los 36 km fue clave. Un padre de camino al entrenamiento, un sábado a las 6:30 escuchando la radio, captó un mensaje que no cayó en vacío. En concreto el programa de radio hizo una pregunta retórica "¿Cuál es la enfermedad del siglo XXI?", la respuesta fue “La sordera”. Lógicamente se refería en sentido metafórico. Explicó como constantemente recibimos mensajes de quienes nos rodean pero no nos impactan, recibimos mensajes de Dios y no los dejamos impactar en nuestros sentidos auditivos, nos cerramos en nuestra concha y así nos va. Esto no dejo indiferente a este padre que medio dormido despertó rápido y reflexionó sobre aquello escuchado. Media hora más tarde empezó el calvario de los 36 km. Tres horas y cuarenta minutos después se consiguió la hazaña. El padre que escuchó el mensaje de radio acudió ese mismo día con su familia a misa y escuchó una gran homilía del párroco que le hizo relacionar lo escuchado en la radio, con lo sufrido en el entrenamiento esa misma mañana, con lo escuchado en la iglesia, quizás perdió la sordera. En ese momento le faltó tiempo para llegar a casa y escribir un correo a sus compañeros de entrenamiento y lo tituló “Momento para reflexionar, oportunidad para actuar”.

Este mensaje explicaba a sus amigos como ese día este padre había relacionado todos esos acontecimientos y le surgió una irrefrenable necesidad de actuar en positivo y salir del letargo de nuestra zona de confort y dejar de ver el partido desde la grada y de una vez por todas bajar al campo, hacer jugadas de generosidad, y meter goles a la pobreza de nuestros cercanos hermanos que no tienen nuestra suerte. El correo cubría los siguientes mensajes:

  1. Dejar testimonio: Aprovechando nuestra participación en la maratón de Valencia deberíamos procurar dejar un mensaje que no deje indiferente a nadie, como aquel que no nos dejo indiferente en su día “El dolor es pasajero, la gloria es para siempre”.
  2. Dar un sentido a nuestro esfuerzo: Dejar de estar sordos e intentar relacionar nuestro esfuerzo físico con un esfuerzo económico para ayudar a nuestros hermanos buscando patrocinios para nuestros esfuerzos deportivos. Es decir un premio a nuestro esfuerzo pero que tenga como receptor a nuestro prójimo con necesidades económicas.
  3. Dar continuidad a esta iniciativa para que otros padres se sumen al proyecto y podamos actuar juntos y ayudar al prójimo con contribuciones económicas con la complicidad de iniciativas deportivas similares a esta primera.

Esta idea que suena bien necesitaba un pegamento y este fue el nexo de unión de todos los padres, El Colegio Highlands Los Fresnos de Boadilla del Monte en Madrid. Les contamos la idea y les faltaron segundos para darnos todo su apoyo y no sólo moral sino práctico. Su departamento de comunicación se puso a trabajar contra reloj:

  • Identificamos nuestro slogan que expresa el testimonio que queremos dejar y que haga pensar a los demás como nos hizo pensar aquel que vimos respecto al dolor y la gloria. El nuestro es “Con la mirada en el cielo y los pies en la tierra". ¿Qué quiere decir? Pues quiere decir lo que a ti te sugiera. Lo que a todos nosotros, los corredores, nos sugiere es que nuestra meta última está en el cielo y nuestro entrenamiento está en esta tierra donde tenemos los pies y el trayecto merece la pena. Correr que inicialmente era una pesadilla ahora es un hobby, nos merece la pena pegarnos el madrugón en sábado, no importa si llueve, no importa si estamos lesionados, no importa si son 36 km, no importa nada porque merece la pena, es casi una droga. Pues la vida bien dirigida es lo mismo. Inicialmente corríamos con la cabeza gacha y ahora vamos con la cabeza bien alta (por lo menos los primeros 30 km, luego llega el muro y llegan las dificultades)
  • Nos pusimos nombre, “The Highlands Runners”. No es por casualidad, el colegio es bilingüe
  • Diseñamos la camiseta que vamos a llevar puesta en todas las carreras donde llevaremos el slogan en la espalda.
  • Identificamos una causa benéfica que da un verdadero sentido a nuestro esfuerzo, en concreto el Comedor de Cáritas Casa de María y José de Alcorcón.
  • Diseñamos una campaña de publicidad de esta iniciativa para intentar conseguir el mayor número de contribuciones económicas de terceros para ayuda de necesitados.
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