Cuando un sueño se convierte en realidad no sin antes ver como los músculos lloran

on 19 Noviembre 2013
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Se viajó, se disfrutó, se rió, se sufrió y al final se consiguió.

Los Highlands Runners, en concreto ocho hombres y una mujer (todos menos uno, padres de alumnos del colegio Highlands los Fresnos en Boadilla del Monte en Madrid) viajaron a Valencia entre viernes y sábado y todos corrieron el domingo. La chica corrió la carrera de 10 k (su primera carrera oficial) y los ocho hombres la maratón (para cinco de ellos su primera maratón) y todos terminaron.

Todos unos campeones con un único objetivo, terminar su carrera para estimular a todo el mundo (amigos, conocidos y terceros) a que se conviertan en patrocinadores para contribuir económicamente al comedor de Cáritas de Alcorcón Casa de María y José. Todos la terminaron. Varios empezaron con lesiones y como era de esperar éstas empeoraron pero todos terminaron. Tres de los corredores tendrán que pasar por la consulta del médico de manera urgente. Una entrega especial por un objetivo solidario.

Se utilizaron distintos medios de transporte, tren y coches tanto el viernes como el sábado para llegar desde Boadilla del Monte hasta Valencia. Nos acompañaron la mayoría de nuestras esposas/o, algunos de los hijos y un amigo de todos que nos apoyó en todo momento y que entre otras muchas buenas características particulares resulta que es sacerdote. El sábado, después de recoger nuestros dorsales en medio de un increíble ambientazo deportivo en un inmejorable escenario, tuvimos una comida de confraternidad enfrente de la playa donde la ilusión fueron los entremeses, la amistad el primer plato, las ganas de hacer algo especial el plato fuerte para finalizar con el compromiso con Cáritas de postre. Posteriormente acudimos a la catedral de Valencia a la misa de 20:00 donde nuestro amigo, además de sacerdote, concelebró. Momento íntimo previo a lo desconocido donde la fé cobró doble sentido, fé en lo que creemos y fé en lo que somos y podemos llegar a conseguir (pensando en el día siguiente). En ese momento de interiorización "hasta aquí hemos llegado" a cada uno le invadieron distintos pensamientos, en mi caso me vinieron a la mente aquellos que ya no están entre nosotros pero que me imagino estarían orgullosos de que su hijo fuese a darlo todo (sentido físico de la expresión) por conseguir algo de bienestar para otros. También recapacité en todos aquellos amigos que genuinamente me habían expresado por mensaje su preocupación por mi salud ante tan demandante esfuerzo. Dí gracias por todos los ánimos recibidos y como no por todas las generosas contribuciones recibidas por Cáritas relacionadas con nuestra locura.

cena

Se cenó, pasta como es lo propio y por la mañana nos levantamos a las 6:00 para meter gasolina 98 en nuestros depósitos. Se llenaron hasta arriba, de paso coincidimos con dos tipos geniales en el desayuno, el deporte tiene estas cosas que une de repente gente dispar. Con los nervios típicos de las grandes ocasiones, a las 8:00 quedamos en la recepción del hotel para retratar el momento y encaminarnos hacia la salida. Las típicas dudas, me pongo dos o una camiseta, llevo guantes o no, protejo la garganta o no, me tomo algún producto de apoyo (geles, barritas) antes de arrancar o no. Después de cambiar de opinión tres o cuatro veces, cada uno decide lo que le parece mejor. Llegan las 9:00 y empieza el momento de la verdad.

preparados

Nuestro corredor estrella, se fue en el minuto uno y lógicamente obtuvo un espectacular tiempo final de 3h 21' 37''. El resto mantuvimos el grupo unido unos siete kilómetros cuando se puso en evidencia que dos de los corredores que estaban lesionados, no podían correr en su estado habitual y estaban haciendo un esfuerzo titánico por aguantar el dolor con la única motivación de llegar al final por ayudar a Cáritas. Además del primero que se marchó al inicio, se formó un grupo de cuatro y otro posterior de dos y uno de uno (el más meritorio ya que terminó la carrera sin apenas entrenamiento por una inoportuna lesión en verano). El segundo grupo de cuatro se rompió a su vez en tres unidades de uno, dos y un componente. Yo me quedé en el bloque de dos por lo que os puedo contar la historia desde esa perspectiva, la de los demás mejor que os la cuenten ellos.

corriendoLos kilómetros pasaron uno tras otro. Los quince primeros fueron bien, mi compañero de carrera y yo nos sentimos fuertes y apretamos un poco haciendo cada vez cada kilómetro más rápido. Llegó en momento de hacer cuentas, era el ecuador de la carrera, los 21 kilómetros o la media maratón. El tiempo acumulado fue por un poco por debajo de los tiempos conseguidos en las medias maratones oficiales corridas en el mes de Octubre con lo que me preocupé ya que la idea de las cuatro horas totales se podía esfumar ante el más mínimo retraso. Con el orgullo como estandarte aproveché para ponerme réflex en un punto de cruz roja establecido por la organización en el kilómetro 22 ya que el muslo izquierdo por su parte trasera (inserción del músculo isquiotibial con la pelvis) dolía mucho más de lo habitual, apreté los dientes y me puse a correr por encima de lo que sería ritmo maratón normal. La razón subyacente era que varios amigos me habían prometido que por cada minuto que bajase de las cuatro horas darían 10€ a Cáritas, el reto era significativo, yo pensaba en la siguiente ecuación "10 minutos = 100€ cada uno". Mi compañero de carrera miraba el reloj y veía como cada kilómetro lo hacíamos más y más rápido. Esto era peligroso ya que aún quedaba media carrera y por lo tanto aumentar el ritmo de esta manera podrían pasarnos factura más adelante. Yo era consciente pero también me daba cuenta que o hacía eso o no había premio por bajar de las cuatro horas. Aguantamos bien, y empezamos a entrar en la parte más bonita de la carrera, el centro de Valencia, la calle de la Paz, la Catedral, una preciosa calle cuyo nombre no puedo acordarme. Fue clave, y creerme lo que digo, desde el punto de vista de motivación el encontrarnos en varios puntos kilométricos a nuestras familias que nos buscaban y animaban de manera incondicional, auténtico subidón que demuestra que en este tipo de carreras la mente lo es casi todo. En esos momentos nos crecimos salimos del estado zombi de automatismo de correr y recordábamos que hacíamos allí, quienes éramos y lo que se esperaba de nosotros.

En el kilómetro 27 y cruzando un precioso puente decidí tomarme mi primer y último aporte energético químico, un gel que nos habían proporcionado la organización (que por cierto, para mi, perfecta en el día de la carrera). Seguimos corriendo a buen nivel hasta el kilómetro 30 lanzándonos mi compañero highlands runners, y yo mensajes de ánimo. Añadir que en varios momentos tuvimos la agradable sorpresa de música preparada por la organización, un enorme sorpresivo acierto el poner la música de la película Carros de Fuego y la canción de la inolvidable banda Queen, we will rock you así como infinidad de grupos de percusión y bandas de rock que amenizaban nuestro paso por las calles de la ciudad. En el kilómetro 33 me encontré con uno de los peores enemigos del corredor que yo no había conocido en los entrenos, los calambres. En ese momento no puedes hacer más que seguir corriendo y rezar que se pase ya que si paras no arrancas. Después de dos tandas de calambres con su dolor y miedo de que todo se fuese al garete y cuando parecía que se pasaron, llegó lo peor. Hacia el kilómetro 35 se me subió, mejor dicho intento subirse, la bola de la pierna izquierda. Un dolor insoportable intentando bajar la bola según corría ya que si me paraba y la bajaba del modo tradicional sabía que no arrancaba así que decidí aplicar el mismo método pero según corría, es decir con la pierna mala estirar el pie hacia arriba con lo que solo apoyaba el tacón en la zancada y correr con la otra. Después de un kilómetro obligando a bajar la bola de la pierna izquierda y forzar al extremo la derecha, pasó lo que tenía que pasar, se me subió la bola de la pierna derecha. El dolor ya era máximo unido con algún que otro calambre, en ese momento. En el kilómetro 38 mis piernas eran un auténtico drama que podían colapsar en cualquier momento y tirarme al suelo, y lo peor mi confianza en mis posibilidades se desplomaron al cerciorar que el problema era totalmente ajeno a mi voluntad, era un problema de hardware y no software, se escapaba de la programación.

corriendo2

A todo esto yo seguía mirando el cronómetro y veía como mi buen tiempo alcanzado hasta ese momento lo estaba perdiendo en los últimos tres kilómetros. Mi compañero seguía al lado sufriendo también lo suyo, ya no había conversación aparte de algún “venga que ya está hecho, ánimo que tu puedes” se notaba como también él iba al límite y lo último que iba a hacer es compartirle mi tragedia de que yo podía colapsar en cualquier momento, tenía que mantener su ilusión e indirectamente la mía. Cada metro era una apuesta, cada zancada una agonía y una incertidumbre sobre cuando vendría el colapso muscular. En ese momento mis músculos lloraban de pena además de un intenso dolor. Las extremidades inferiores con tanto esfuerzo y tanto falso movimiento para reducir el dolor empezaron a convertirse en pesadas piedras que comenzaban a no reaccionar a lo que la mente les ordenaba de manera disciplinada. Ha sido una de las pocas veces donde los músculos en su lagrimar se insubordinaban a la voluntad. No entendía como eso podría ser posible. Aún me quedaban cuatro kilómetros, el público se convirtió en mi mejor aliado al gritar mi nombre (lo veían en mi dorsal) me sentía arropado por personas que parecía que me conocían, incluso algunas voces se me hacían familiares (supongo que era como un espejismo). Llega el kilómetro 40, mis piernas ya fallan a la par, calambres y subidas de bola constantes y en la dos piernas y no sé muy bien como tomé la decisión que no quedaba otra que correr y sin saber muy bien como intenté apretar un poco más y lo hice. Mi compañero de carrera seguía a mi lado adivinando que yo iba sufriendo (no porque yo se lo dijese) y también sufriendo lo suyo. En ese momento un speaker que estaba en el medio de la carretera con un micrófono nos dice que quedan dos kilómetros. Puedo decir que son la pareja de kilómetros más largos de mi vida. Muchos corredores ya están parados, otros caminando, muchos en la cuneta estirando o sentados con cara de dolor. Yo sigo corriendo más con corazón y la mente que con las piernas, el sudor dio paso a las lágrimas de mis músculos que se encontraban en estado de coma. Por fin la última recta, el escenario plagado de personas gritando y empujando, me giro y veo a mi fiel compañero pegado a mi, nos unimos las manos y las levantamos en signo de victoria y entramos  consiguiendo no sólo entrar corriendo sino además con un muy digno tiempo de 3horas 53 minutos y 08 segundos que además de satisfacer nuestros egos permite recaudar más dinero para Cáritas. Tras esos 30 o 45 segundos de gloria y cómplice mirada con mi running body, volvió un intenso dolor de cintura para abajo que hizo casi imposible el andar para recoger la medalla y la bolsa del avituallamiento.

enriqueNunca sentí tanto dolor físico, pocas veces tanta satisfacción.

Enrique

en Boadilla del Monte 19/11/13

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