En la maratón de Chicago

on 20 Octubre 2014
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Pasado unos días desde la maratón de Chicago es hora de hacer una crónica lo más objetiva posible, desde la tranquilidad que da el tiempo.
El viaje ya, desde el avión prometía, lleno de corredores, me encontré con dos compañeros de trabajo que iban con sus mujeres. Tras 9 horas de avión llegamos a Chicago, pasamos la aduana y de ahí el tren para downtown.

Nuestro hotel perfectamente situado de la estación y a solo 500 metros de la salida y la llegada del maratón. Tras dejar las maletas, nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad, con la idea de buscar un italiano para cenar y reservar sitio para el sábado. Aunque conocía la ciudad, no deja de impresionarme, tiene un aire a Nueva York. Tras la cena y varias cervezas, el plan de hidratación lo llevamos a la perfección, a la cama, destrozados por el cambio horario, 7 horas menos.

Al día siguiente, nos dirigimos a la feria del corredor, perfectamente organizada. En la entrada te identificas y te dan un número de stand donde recoges el dorsal, al llegar al puesto, te están esperando y te diriges a por la camiseta y la bolsa del corredor, que me decepcionó al no tener caldo Aneto. El resto de la feria como todas las ferias, publicidad, anunciantes, marcas de zapatillas y equipamiento. Enrique aprovechó para comprarse unas zapatillas, bastante más baratas que en España. De ahí nos dirigimos a la ciudad, nos alquilamos unas bicis e hicimos las compras pertinentes para la familia, mucho Abercrombie y Hollister, es lo que tiene tener adolescentes como hijas. Descanso en el hotel y a cenar en el italiano que habíamos reservado, fuimos seis comensales, nos acompañaron Eloy e Isaac con sus mujeres, y por supuesto solo hablamos de lo que nos íbamos a encontrar al día siguiente. Ambos habían corrido Berlín, Boston y Nueva York y comentaron que el ambiente de estas carreras es indescriptible, sus comentarios sirvieron para que los nervios subieran al 100%, el plan de hidratación en la cena se ajusto al planificado, 2 litros por cabeza. Comentar que Eloy tiene 57 años y el año pasado en Boston hizo 2:47. Una vez terminada la cena a las 09:00 nos fuimos al hotel, preparamos el equipo y a dormir.

Día de Autos, 05.00 suena el despertador, saltamos de la cama, yo llevaba desde las cuatro despierto, nos ponemos el chándal y bajamos al hall, absolutamente tomado por corredores, había plátanos y café, tras comer algo, subimos y completamos la alimentación con frutos secos y un par de litros de agua. A las 07:00 nos dirigimos a la zona de salida, con un ambientazo sobre cogedor, dejamos ropa de muda en el guardarropa y nos dirigimos a nuestro corral, el F para los dos. Decir que las medidas de seguridad fueron bastantes, no dejaban entrar a nadie que no fuera corredor y solo podías llevar la bolsa que te proporcionaba la organización.
Himno nacional americano y a correr, y a ritmo, en nuestro caso de 05:11, pasamos un puente y a partir de ahí la locura total, nada de lo vivido hacía presagiar lo que nos encontramos, las calles tomadas literalmente por el público, todo el recorrido abarrotado, animando, cantando, personas ofrecían plátanos, agua, cervezas, toallas para el sudor, bandas de música de universidades y hgh-schools, toda una ciudad volcada.

Pero volvamos a la carrera, la carrera discurre por todo el downtown, y la primera parte es rapidísima, hay agua y gatorade cada 2 millas y pusieron cuartos de baños móviles en los avituallamientos. La media pasó rapidísima, clavados en un ritmo de 05.11, en mi caso, sin dolor en ningún músculo. Pero en el kilómetro 35, empezó el gemelo de la pierna izquierda a ir por su cuenta, y en el 38 el dolor era indescriptible, Enrique me espero y si no hubiera sido por sus ánimos y su apoyo, no sé qué hubiera pasado, hacheros una ida que los últimos 3 Km, tardamos 22 minutos, y gracias a Enrique y al impresionante, e indescriptible ambientazo en las calles de Chicago, pudimos finalizar en 03.52, que visto el final de la carrera, no estaba nada mal.


Os comento que la lesión se produjo porque una uña mal cortada en el pie izquierdo, me rozó en el dedo contiguo, y eso me hizo cambiar la pisada para no notar dolor, y durante 30 Km, pisando de forma diferente me produjo la lesión.
Desde este espacio quiero decir que ha sido una experiencia sencillamente maravillosa, no hay carrera comparable a lo vivido en Chicago. Y habló también en nombre de Enrique, nos pareció una verdadera maravilla el apoyo de toda una ciudad a un evento como este.

Antonio García Cañedo
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