Volver a empezar para ayudar a empezar

on 19 Mayo 2014
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No hay dos maratones iguales, ni siquiera dos entrenamientos idénticos por mucho que se siga el mismo programa de preparación. The Highlands runners (THR) corrimos en Noviembre 2013 lo que fue para muchos de nosotros ocho la primera maratón de nuestra vida a la cual le dimos un enfoque solidario. La experiencia fue increíble, el esfuerzo previo y durante la carrera titánico, y el resultado extraordinario al haber conseguido levantar más de 5.000€ para el comedor María y José de Cáritas en Alcorcón (Madrid).

En enero 2014, y con todo el simbolismo de marcar el día de Reyes como punto de partida, iniciamos el entrenamiento para nuestro segundo gran reto deportivo-solidario, conseguir fondos para el hogar de VIDA (con mayúsculas y no por error) San Francisco Javier en Boadilla del Monte creado por la Fundación Golfín bajo el liderazgo del P. Siegrist párroco de la Parroquia de Santo Cristo de la Misericordia de Boadilla del Monte y la atención de las monjas de las Siervas de la Pasión. El objetivo era empezar y terminar la maratón de Madrid del 27/4/14. Otros 42,19 Km por suelo madrileño con el matiz del perfil caprichoso de la capital de España que nada tiene que ver con la planicie de Valencia.

En Valencia corrimos ocho THR aunque dos salieron ya desde el principio lesionados. Aún así los ocho cruzamos la meta. En Madrid las lesiones dejaron en el dique seco hasta a cuatro corredores y otro más no pudo asistir por encontrarse desplazado fuera del país. En conclusión tan sólo cuatro THR corrimos en Madrid y los cuatro cruzamos la línea de meta. Que tengamos noticia también otro padre del colegio que ha  empezado a correr con nosotros también corrió pero por su cuenta con un amigo suyo y también terminó. Mención especial para los lesionados que todos ellos con mucha ilusión y esfuerzo habían preparado durante cuatro meses la carrera y en las últimas dos semanas han visto como todo ese esfuerzo, esas horas de entrenamientos y de no sueño, ese cansancio no ha tenido la recompensa de cruzar la línea de meta en el parque del Retiro de Madrid.

La maratón de Madrid ha sido dura, sacrificada, multitudinaria pero ha merecido la pena. Los conocedores de la prueba de años anteriores dicen que ha sido suavizada, ¡menos mal! Nos ocurrió de casi todo durante las más o menos cuatro horas de carrera. Se dice pronto cuatro horas constantemente de pie, corriendo y bajo el precioso sol de Madrid. La maratón empieza no a las 9:00 con la salida el día D sino empieza mucho antes, empieza el día que decides que vas a correr maratón. Ese día nace algo muy pero que muy importante dentro de ti que se llama “compromiso”. Sin esa palabra mágica no hay ni maratón ni casi nada. Ese compromiso es el que te hace cruzar la meta, sin él es muy difícil por no decir imposible conseguirlo. Cuando ese compromiso se viste de solidario es cuando se hace imparable y ese es el secreto que ha hecho que, mi ya currado cuerpo, haya conseguido en seis meses (Noviembre y Abril) correr dos veces la distancia reina. El compromiso de correr lo adoptamos los THR en Navidad entre whatsapp y correos electrónico, el compromiso de verdad, el hacerlo por algo que merece la pena lo hicimos en Febrero cuando desde el colegio de nuestros hijos, el colegio Highlands Los Fresnos nos propusieron, al igual que en el caso de la maratón de Valencia, el motivo solidario.

En este caso el conseguir fondos para el Hogar de Vida San Francisco Javier para ayudar a jóvenes embarazadas que no tienen más salida para dar a luz que acudir a este centro o similares ya que el rechazo de su entorno les llevaría a malograr el nacimiento de su hijo. El reto nos pareció formidable ya que no hay nada más valioso de la vida y por lo tanto que mejor que ayudar a dar vida. Una vez más el agradecimiento a la directora de comunicación del colegio, Inés, que con enorme entusiasmo nos presentó la idea, al P. Marcelino que con su presencia y apoyo nos orientó en el enfoque solidario y la directora del colegio que con el apoyo institucional del colegio ha conseguido proporcionar el pegamento necesario para que la unidad del grupo persista para la consecución de causas solidarias a través del deporte. Con las pilas del compromiso bien cargadas empezamos la doble labor por un lado de continuar nuestro entrenamiento ahora con doble causa (deportiva y solidaria) a y por otro dar a conocer nuestro reto. Cuatro meses de entrenamiento y en invierno se hace especialmente duro (frío, lluvia, nieve, viento, falta de luz…) pero cuando tienes claro el objetivo no tienes más que recordarlo para decirte a ti mismo, “venga adelante que esto va a hacer que de alguna manera un bebé nazca que de otra manera se habría malogrado”. Para los que queráis vivir esa sensación de motivación y tenéis la suerte de ser padres o madres no tenéis más que pasaros por la noche por la habitación de vuestros hijos cuando están dormidos. Sobran las palabras.

Dicho lo anterior, empezaron los problemas de agendas, de viajes, de “otros” compromisos, de mini lesiones y macro lesiones, etc. La singladura hacia la meta del Retiro se complicaba, se oscurecía, desaparecía y volvía a aparecer en fin, nunca mejor dicho “La vida misma”. Llegaron los entrenamientos de 30 y 32 y hasta 36 kilómetros por la Casa de Campo. Poco a poco los cuerpos según iban devorando kilómetros iban además de cansándose por los kilómetros acumulados, consiguiendo la forma física necesaria para soportar la paliza del día 27/4/14. No en vano un entrenamiento de maratón como el que programamos ha supuesto aproximadamente recorrernos la península ibérica desde Bilbao hasta Cádiz corriendo. Para conocer en más detalle nuestra causa solidaria tuvimos la ocasión de tener una reunión en el colegio Highlands los Fresnos de Boadilla del Monte con la directora de la Fundación Golfín y dos de la monjas de las Siervas de la Pasión que gestionan el Hogar de Vida San Francisco Javier. El encuentro fue un regalo al tener la ocasión de conocer a unas personalidades únicas que han decidido dedicar toda su vida a los demás y en concreto a ayudar a estas jóvenes embarazadas rechazadas por la sociedad a tener más opciones que la trágica porque, como bien apunta siempre la directora de la fundación Gofín,  para elegir tienen que tener opciones y sin la ayuda de estas increíbles personas no tendrían más que una opción. La reunión supuso llenar los tanques de gasolina de 98 octanos de compromiso solidario.

Llegó el día D a la hora H y a los afortunados a los que nos respetaron las macro lesiones acudimos a la cita en la Plaza de Cibeles, punto de salida de la carrera.  Éramos cuatro corredores llenos de ganas e ilusión pero confieso que comparado con el despliegue de Valencia en el que estuvimos ocho corredores para la maratón y una corredora para la prueba de 10 k junto con la mayoría de las familias era como un descafeinado comparado con un capuchino con toda su crema. Ambos buenos, pero uno (el capuchino) con más glamour que el otro. Independientemente de lo que subyace del símil de la cafeína allí estábamos los cuatro como fieras para comernos los 42 kilómetros sabiendo que la causa solidaria que representábamos era justa. Íbamos uniformados con lo que ya llamamos “el uniforme de gala” que no es que sea de gala sino que representa nuestra esencia. La camiseta de los THR lleva el escudo del colegio, y nuestro lema “Con la mirada en el cielo y los pies en la tierra”. Nos acordamos de los lesionados que son los que peor lo han pasado, dimos gracias a Dios y a nuestras familias por dejarnos estar en ese momento en ese lugar (experiencia para vivirla) y a las nueve y pico ya que salimos de muy atrás, el cajón cuatro, (el de los tortugas). Entre la ilusión, los nervios, el gentío, en el kilómetro dos subiendo la Castellana uno de los cuatro se despistó en una parada técnica y aunque los otros tres le esperamos un minuto y medio le perdimos. Los tres seguimos juntos corriendo pasando de largo plaza Castilla y llegando a la zona de las torres. Uno de nosotros tenía en mente correr solo media maratón ya que su entrenamiento paralelo de la triatlón le aconsejaba no meterse el palizón de la maratón entera. Ni que decir que el subidón de hormonas del momento  y la alegría del grupo hizo que se olvidase de la triatlón por un momento y se centrase en hacer la maratón con nosotros. Javier, ¡muchas gracias por acompañarnos los 42 kilómetros!

Caían los kilómetros, unos tras otros. Los primeros fueron duros ya que eran de subida pero como eran lo primeros se llevaban bien, a partir del kilómetro siete comenzaba la bajada por Bravo Murillo, momento que sirve para recuperar. Entramos en el kilómetro 10 y ya dices, “ya sólo quedan tres cuartos de la carrera”. Seguimos en grupo los tres habiendo perdido al cuarto, el enorme número de participantes hace que la búsqueda del cuarto perdido se hiciese imposible. Empezamos a zig zagear por Madrid ya que al final encontrar 42 kilómetros en Madrid sin dar vueltas nos es tarea sencilla. En el kilómetro 15 es cuando nos separamos los que corríamos la maratón de los que corren la media. Parece una tontería pero fue muy emotivo, ellos nos aplaudían y nosotros a ellos más si cabe, una vez más el deporte saca lo mejor de cada uno, saca la esencia que es reconocer al otro en su esfuerzo y su entrega. Que mejor nos iría si esas lecciones del deporte las trasladásemos a la vida.

Me sorprendió gratamente ver que los carteles avisando de la desviación venían traducidos al inglés dando una clara noción de leo internacional que era la carrera. Las fuerzas iban bien y nos adentramos en la parte más bonita de la carrera, la zona de Sol, y de salida el Palacio Oriente. Ya pasado el parque del Oeste nos encontramos el cartel de mitad de la carrera. Llevábamos ya 21 kilómetros. En este momento miro el reloj y lo que pensaba era un buen tiempo resultó no ser tan brillante ya que hicimos la primera mitad de la carrera en 2 horas y 2 minutos. Les dije a mis compañeros de carrera que aunque parecía que íbamos bastante fuertes de hecho no era para tanto y que a ese ritmo no íbamos a bajar de las cuatro horas, barrera psicológica. Mis amigos de fatiga me miran como si estuviese tonto, les tuve que decir “que es broma” pero no lo era realmente quería superar mi marca de Valencia de 3 horas 53 minutos y a ese ritmo no lo íbamos a conseguir. Subiendo la calle Ferraz, arriba ya pasada la pendiente, unos de nosotros tuvo “el inmenso regalo”, su familia en pleno esperándole, mujer, niños y amigos que ni que decir hizo que automáticamente la cara de fatiga de nuestro compañero se convirtiese en probablemente la imagen de mayor felicidad que le he visto en los ya dos años que le conozco. Vaya droga legal la familia que hace que lo difícil se convierta en fácil y los problemas en alegrías. Durante varios kilómetros después del encuentro y sin buscarlo subimos la velocidad por el empujón de moral que supuso ver la alegría de la familia de nuestro compañero y ver a nuestro amigo alegre.  Enfilamos las rectas de Avenida Valladolid y nos encaminamos hacia la Casa de Campo.

El nivel de público variaba mucho según la zona, por la zona de Sol los vecinos de Madrid apoyaron muchísimo con sus ánimos y en gran número, en otras zonas el número de personas era bastante inferior aunque igual de entusiasta y esto es de muchísimo de agradecer ya que te sientes importante, te sientes recompensado por el esfuerzo y te sientes que parece que alguien le importa el castigo al que estás sometiendo a tu cuerpo. En la Casa de Campo nos proporcionan más agua al igual que en varios puntos kilométricos anteriores, la verdad es que todo el apoyo de avituallamiento fue muy correcto en toda la carrera. En este momento además del líquido elemento la organización nos proporcionó geles (chute de energía para recargar depósitos ya deteriorados). Sorpresa, en plena subida dentro de la Casa de Campo por donde habíamos pasado cientos de veces en los entrenamientos ya que nos encontramos al cuarto THR a quien habíamos perdido en el kilómetro uno a quien dábamos por perdido y por detrás, pero no resulta estaba por delante. Qué alegría como quien encuentra un tesoro o al hijo prodigo, llovieron las preguntas de rigor pero ¿Cómo? ¿Cuándo?, etc.

Para los que seáis poco asiduos a la Casa de Campo informar que ésta tiene cuestas e importantes, allí estábamos subiendo pensando en nuestro próximo mini-objetivo que no era otra cosa que el kilómetro 30. El asunto empezaba a ponerse serio ya solo quedaban unos quince kilómetros, estábamos ya casi saliendo de la mítica Casa de Campo y se acercaba el fantasma del temido “Muro” de la maratón que consiste en el momento en el que coincide el cansancio, con el aburrimiento, con el vaciado de depósitos de energía y con la presión psicológica de si llegaré o no y en el caso de Madrid de mirar al frente y ver que lo que queda es prácticamente todo de subida, la friolera de más de una hora subiendo non-stop cuando ya llevas tres horas corriendo. En ese momento las risas, charlas y bromas del principio se convierten en largos silencios, en resoplidos y en esporádicos pero medidos momentos de exaltación de la amistad y del coraje (parecido al Asturias Patria querida pero sin gota de alcohol).

Contagiando ingenio para animarnos mutuamente nos inventamos canciones donde los protagonistas de la letra éramos nosotros mismos, desarrollamos gritos de guerra de lo grande y pedazo de tíos que éramos por haber llegado hasta allí y en un breve momento de euforia nos encontramos  una imagen que relativizó el palizón que llevábamos después de tres horas y 30 kilómetros corriendo. Vimos dos sillas de ruedas con dos ATLETAS (vuelvo a recurrir a las mayúsculas) sentados en ellas y dos SUPERESTRELLAS empujando las mencionadas sillas. El impulso de admiración nos llevó a aplaudirles, darles la enhorabuena, ofrecerle nuestro apoyo y agua que acabamos de recoger que gustosamente la aceptaron, uno de ellos me pidió que le limpiase las gafas de sudor ya que lógicamente sus manos estaban pegadas a la silla que empujaba. En ese momento nos sentimos pequeños ante la inmensidad de esos cuatro héroes (los sentados y los que iban de pie) y a la vez nos sentimos agradecidos de haber podido compartir ese momento tan auténtico con personas tan especiales. Añadir anécdota que cuando dimos de beber a uno de los chicos empujando la silla (plan película Ben-Hur) apareció en chico cargado de “n” botellas diciendo “no te preocupes que yo corro con ellos de agüero”. Increíble, ya eran cinco las estrellas. Cuando ves esas cosas es cuando recuerdas que tú estás allí por algo también importante como era nuestra causa solidaria del Hogar de Vida.

Cuando las fuerzas empiezan a fallar y las continuas cuestas hacia la meta comenzaron a hacer acto de presencia es cuando tiras de todos los recursos psicológicos para poder superar el bajón. En ese momento los tres empezamos a hacer nuestras cuentas de tiempos, kilómetros, fuerzas físicas y psicológicas. El inventario es cosa de cada uno y la estrategia cobra una importancia absoluta ya que con los recursos que salen del inventario tienes que gestionar la recta final de la maratón que equivale a aproximadamente una hora de sacrificio. Nos encontrábamos en el kilómetros 33/34 y era el momento de tomar decisiones después del inventario. Yo me encontraba infinitamente mejor que el día de Valencia ya que no me habían empezado aún ni calambres en las piernas ni tuve amenazas de problemas en los gemelos como tuve seis meses atrás en ese momento de la carrera. El miedo apareció en forma de duda ¿Y si empiezan los problemas físicos? Se mezcla la duda física con la duda psicológica de las posibilidades de culminar la carrera. En ese momento dos de los tres nos arriesgamos y decidimos darlo todo sobre el asfalto y en vez de economizar recursos escasos decidimos hacer lo contrario es decir contra atacar con un empujón físico. Nos la jugamos y decidimos ir a por todas y empezamos a correr más rápido que la media de los anteriores 35 kilómetros y cuesta arriba. Una locura que si nos salía mal nos íbamos a arrepentir. Dicho y hecho y dos de los tres nos pusimos a correr con todo lo que teníamos.

El tercero más inteligente decidió dosificar. Los dos kamikazes empezamos a adelantar a mucha pero mucha gente, comenzamos a ver lo que no habíamos visto hasta ese momento, lo que en el argot se llaman “cadáveres”, gente en las cunetas con expresión de dolor, alguna que otra ambulancia atendiendo a pacientes vestidos de corto y corredores haciendo estiramientos por que sus cuerpos les ha dado un aviso y muchos, muchos corredores convertidos en paseantes que es un poco peligroso porque los que aún corremos vamos un poco ciegos y te puedes “comer” a un paseante. Con todo seguí corriendo como si fuese lo único que me quedase por hacer en la vida y llegué al Paseo del Prado enfilando hacia plaza Cibeles, es decir el punto desde el que habíamos salido tres horas y media antes. Seguimos rectos hacia Colón y ya empezaba a creerme que la llegada iba a ser posible y además en condiciones físicas aceptables. Quedaba tan sólo cuatro kilómetros pero vaya cuatro. Subida de Goya hasta Velazquez y allí la sorpresa al girar, la calle Velazquez por lo que he transitado un millón de veces  resulta que es un muro de asfalto donde no se ve su fin y nunca hasta ese día me había dado cuenta. Su final era la calle Ortega y Gasset. Las piernas notaban la acumulación del esfuerzo y esa inesperada cuesta cayó como un baño de agua fría. No importaba, ya quedaba poco.

El público volvió a aparecer como factor fundamental para empujarte hacia la meta. Llegó la última recta por las calles de Madrid por la calle Príncipe de Vergara hacia el Retiro, se ven ya a lo lejos la valla del parque y de repente de forma milagrosa entras en modo automático y las piernas se olvidan del cansancio y de la misma alegría se contagia la cara y entramos en el Retiro. Muchísima gente todos gritando y en ese momento empiezas a creértelo que lo vas a conseguir. Por segunda vez en mi vida voy a cruzar la meta de una maratón. Que momento, que ilusión, que satisfacción, todo cobra sentido, ese momento es mágico, una vez más lo has conseguido para ti pero más importante para los demás, has contribuido a una labor de hacer conocer las necesidades del Hogar de Vida de San Francisco Javier y a conseguir fondos para que ese incipiente proyecto se convierta en una consolidada realidad que a lo que ambiciona es a lo más importante del mundo, a dar vida.

Se cruza la meta, termina la pesadilla y comienza el sueño. O quizás termina el sueño y comienza la realidad. En cualquier caso se ha vuelto a empezar a correr para ayudar a empezar esas vidas que sin el apoyo al Hogar de Vida nunca tendrían la oportunidad de empezar.

Gracias a los que habéis contribuido con vuestras aportaciones ya que habéis realizado la mejor inversión de vuestra vida. Con una pequeña inversión económica (vuestra aportación) habéis conseguido un valor incalculable, una rentabilidad infinita, la VIDA de bebés que sin vuestra ayuda no verían la luz del día. Y los que aún no habéis invertido en haceros ricos aún tenéis tiempo de conseguir rentabilidades inigualables en cualquier otra inversión.

El tiempo de carrera fue de 3 horas y 58 minutos. No superé mi marca de Valencia de 3 horas 53 minutos pero también es verdad que la carrera no es comparable. Objetivo conseguido, sueño hecho realidad y ahora….a por el siguiente sueño-reto deportivo/solidario o quizás realidad.

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