Cuando el entrenamiento se endurece

on 12 Marzo 2014
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Llevamos nueve semanas de entrenamiento de las 16 previstas en nuestro programa de cara a la preparación de nuestro primer hito deportivo-solidario del año 2014, la maratón de Madrid (42,19 km) el próximo 27/4/14.

 Las primeras semanas han pasado con relativa facilidad haciendo entre 40 y 50km semanales repartidos en cuatro sesiones en días laborables y otra un día del f

in de semana o dos según se encuentren los ánimos/ganas/posibilidades de los THRs

 Las sesiones de los días laborables las solemos hacer individualmente o en pequeños grupos y las hacemos cuando podemos cuadrándolo con el resto de obligaciones (grandes madrugones, al mediodía o de noche).

 La compatibilidad se complica con las obligaciones laborables de los THRs, por ejemplo tenemos un THR desplazado en Italia, otro en Gibraltar, otro en Barcelona esta semana, otro en África una semana al mes, y otro viajando por Latinoamérica todo el día. Todos coinciden en meter en su maleta el cepillo de dientes y las zapatillas de correr. A modo de ejemplo de complejidad de agenda, esta crónica está siendo escrita en un avión dirección a Londres el domingo por la noche. Los aviones son muy interesantes como mosaico de la humanidad, tengo en el asiento de al lado a un chico inglés de unos 20 años que está alucinando que en pleno 2014 un tipo lleve escribiendo siete folios y a mano.

 Las sesiones del fin de semana son sin lugar a dudas las mejores además de las más duras. Nos juntamos un mayor número de los ocho THRs y algún que otro que se está contagiando de la magia. Por lo general quedamos ya sea sábado, ya sea domingo o los dos a las 8:00 en el monte que está al lado del colegio de nuestros hijos, el Highlands los Fresnos. Nos ponemos al día de lo ocurrido en la semana tanto a nivel personal como general, nos reímos mucho y como no, ponemos a parir al gobierno sobre todo al Ministerio de Hacienda. Hablamos de cómo nos ha ido el entrenamiento de entre semana, también nos sirve para compartir y contrastar información sobre el colegio y los niños. Auténtico Think-Tank con muchísimo recorrido más allá de las palizas de correr que nos pegamos.

 Según nuestro programa de entrenamiento, el fin de semana se aprovecha para ir incrementando la distancia en lo que llamamos “la sesión larga”. Ésta, la larga, empieza en las primeras semanas del programa de forma suave con 12,13 o 15 kilómetros pero después de varias semanas se complica con un número considerable de kilómetros. Este fin de semana, el del 8/9 de marzo, ha tocado correr 29 km. Ya son distancias serias y las sensaciones que siento en estas sesiones empiezan a recordarme a las que tuve el día de la maratón de Valencia como fueron cansancio, pesadez de piernas, dolores varios, miedo al fracaso físico por agotamiento, etc. El aprender a sufrir es parte fundamental del entrenamiento, lo fue cuando preparamos la maratón de Valencia y lo está haciendo ahora en la de Madrid con el aliciente que la carrera en Valencia sabíamos que era plana mientras en la de Madrid sabemos que es un infierno de cuestas.

 El preparar estos entrenamientos requiere bastante preparación y dedicación. El calentamiento empieza durante la semana previa al día D que mediante el grupo de Whatsapp “A correr” se cruzan todo tipo de mensajes que siempre empiezan relativamente serios y terminan como el rosario de la Aurora con una serie de jocosos/irónicos y confusos mensajes. El día de “la larga” ha obligado a alcanzar a un acuerdo del recorrido ya que aunque no lo parezca, encontrar 29 km en Madrid sin dar vueltas al mismo circuito que a la vez sea apto para correr (evitar tramos de la M-30, M-40 y M-50) no es tarea fácil.

 Una vez cerrado el tema recorrido conviene (aunque no siempre lo conseguimos, véase este fin de semana) identificar un punto de avituallamiento donde dejamos un coche con agua para lo cual tenemos que quedar dos coches para dejar uno y llevar a los corredores en el otro al punto de partida. Por lo general solemos buscar un punto intermedio del recorrido que suele ser o el Zoco de Pozuelo o a la salida de Boadilla detrás del palacio.

 Este fin de semana hemos variado la práctica habitual de correr “la larga” desde el colegio en Boadilla hasta Madrid-Moncloa pasando por la Finca, Somosaguas, y Casa de Campo y dos THRs hemos quedado a las 07:30 del sábado en el parking de la Escuela de Ingenieros de Caminos. Otro grupo de THRs de dos iban a correr similar distancia hoy según estoy escribiendo. La génesis de empezar a correr a las 07:30 comienza mucho antes levantándome a las 6:00 con el objetivo de desayunar de forma potente y dejar una hora de tiempo antes de correr para hacer la mayor digestión posible.

La buena noticia es que el desayuno, mi comida favorita, es glorioso en preparación de previsible importante desgaste físico de los 29 km. La receta pasa por: zumo de naranja natural, cereales con leche, un yogur natural con fresas preparadas al efecto y un café con leche. Llega la ceremonia de vestirse para correr. Lo más importante para mí son por un lado los calcetines de compresión o medias para sostener los gemelos que son unos de los músculos que más sufren al correr y las zapatillas de correr. El resto dependerá del frío o de la lluvia o de lo friki que sea el corredor, que también tenemos de esos.

Este sábado, a esas horas, hacía la nunca mejor dicho friolera de 1ºC, es decir un frío de narices. Haciendo tiempo escuchando la radio llega la hora de salir en coche hacia el punto de salida acordado por Whatsapp. Ni Blas en la calle salvo algún despistado volviendo a casa después de una presunta larga e intensa noche. Me miro al espejo retrovisor y por encima y me veo con pantalón corto, medio dormido aún y sin peinar; les miro a ellos y la única diferencia por fuera es el pantalón ya que el suyo es largo. Por lo demás caminan también medio dormidos e igualmente despeinados. De repente, un flash-back y veo algo que me confunde ¿Yo hace 20/25 años? pero rápidamente el espejo retrovisor me ayuda a volver a mi realidad cuarentona y vuelvo a aquí y hoy y por supuesto en pantalón corto y apunto de enfrentarme a “una de 29…. Km”

 Con puntualidad británica a las 07:29 llego al parking vacío de la Escuela de Ingenieros de Caminos en donde había otro coche, el del otro THR esperándome. También de corto, ciertamente adormilado e igualmente despeinado. No saludamos, nos miramos y nos decimos al unísono sin haberlo preparado antes. “Te odio” lo cual significa en nuestro lenguaje de los THR, “Gracias ya que sino me hubiese comprometido contigo no estaría aquí ni por casualidad”. El plan es salir de la Escuela de Ingenieros corriendo, bajar hacia el Manzanares, doblar en el puente de los franceses hacia la izquierda y por el paseo dirigirnos al puente de Segovia y desde allí enfilar hacia la Casa de Campo con la idea de replicar el trozo de unos cuatro kilómetros de Casa de Campo que dibuja la maratón en su discurrir por Madrid. Lo hicimos según el libro, subimos y volvimos a subir a mano izquierda (pero mucho) saliendo del recinto y empezamos a bajar pero ya por el lateral exterior de la Casa de Campo dirección el río de nuevo llegando de nuevo a la entrada junto al río de la Casa de la Campo.

Llevábamos 11 Km, una hora corriendo, habíamos subido y bajado mil veces y encima aún nos quedaban 18 km. Abro un pequeño paréntesis y para aquellos que no lo sepan y creo que curiosamente no hay mucha literatura al respecto en la toda poderosa Internet, el perímetro de la Casa de Campo es de 17 km aproximadamente, cierro el paréntesis. ¡Adivinaste!, la sorpresa es volver a empezar la Casa de Campo pero esta vez para hacerla entera por su perímetro. Empezamos por la campa del Rey, el lago a nuestra derecha y hacia arriba hacia la estación de Batán y sigue subiendo cual cabra hasta la altura máxima del parque que es Somosaguas, ocho kilómetros y medio de subida. Desde Somosaguas empezamos a teóricamente bajar aunque de facto nos encontramos con la peor cuesta de todas. Bajamos desde Somosaguas unos siete kilómetros y nos salimos hacia el puente de los franceses.

Desde allí nos quedaban unos dos kilómetros hasta los coches. Es decir llevábamos unos 28 kilómetros cuando miramos hacia arriba y nos encontramos una auténtica pared también conocida como Avenida Seneca que nos separa nuestros debilitados cuerpos de nuestros coches y el merecido descanso. Sacando flaquezas de flaquezas subimos la interminable y dolorosa cuesta. No sé que dolía más si las piernas o el amor propio de ver nuestra impotencia. Al final fueron 31km, en algún sito mal calculamos pero se consiguió después de 3 horas exactas y un tiempo de 5´58¨ por cada kilómetro que para la montaña rusa que nos metimos es un tiempo muy meritorio. Llegamos destrozados a nuestros coches que ya no hacían pareja aislada en el parking.

 En ese momento de agotamiento físico es cuando la continua reflexión durante las 3 horas de entrenamiento e introspección llega a su fase de conclusiones y en mi caso culminó con un “Ha merecido la pena”.

 Ha merecido la pena ya que este esfuerzo nos va a permitir afrontar la maratón de Madrid con más opciones de terminarla y así poder conseguir fondos para nuestra próxima causa solidaria de Cáritas que por cierto pronto publicaremos cual ha sido elegida en esta ocasión.

 Ha merecido la pena porque este esfuerzo pone en valor la idea de que “éxito sólo está antes que trabajo en el diccionario” y este es uno de los valores que quiero que mis hijas adopten en su vida y que mejor forma que presentárselo con mi ejemplo en el ámbito deportivo también.

 Ha merecido la pena porque he recordado el dolor físico que padecí en la maratón de Valencia y la enorme satisfacción que me produjo a posteriori cuando entregamos el cheque de 4.760€ a aquellos ¨ ángeles blancos” de Cáritas

 Ha merecido la pena porque a las 11:00 estaba ya en casa de forma que el entrenamiento no interfirió con mi vida familiar y además pude desayunar por segunda vez sin conciencia de gula.

 Curiosamente en la homilía de este domingo hemos tenido la oportunidad de escuchar la explicación del sacrificio de Jesucristo en el desierto y las tentaciones del demonio. Salvando las distancia según escuchaba las lecturas la Casa de Campo me ha recordado al desierto y los 40 días con sus 40 noches a los 31 km corridos el sábado o los 42 km que nos esperan el próximo 27/4/14. El demonio de los corredores sería la pereza, la comodidad, el cansancio de la semana, el desánimo, la película de la madrugada, la cama, etc, etc. En cambio nuestro premio será recaudar el máximo posible de fondos para Cáritas “porque está escrito” que correremos y también recibiremos premios por aquello a lo que ofrezcamos nuestro esfuerzo.

 Los próximos entrenamientos aún son más duros. El próximo sábado (semana 10) la larga será de 32 km, la siguiente semana de 36 km y a partir de este punto empezará un proceso de descompresión paulatino volviendo a la veintena de kilómetros en las semanas 12 a la 15 y terminando en la semana 16 con la maratón de Madrid. Para calentar el músculo competitivo del cerebro (músculo más importante en la preparación de la maratón y que probablemente el que menos y peor entrenamos), el día 6/4/14 correremos la media maratón de Madrid (21 km) para tantear como vamos en modo presión competición oficial.

 Si aún quieres unirte a esta aventura deportivo-solidaria, aún puedes hacerlo ya sea para la media maratón de Madrid como para la maratón completa. Cuantos más seamos más fondos conseguiremos para Cáritas en definitiva para los que más lo necesitan.

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